Los cambios de ánimo

Todos sentimos emociones, lo complicado es definir esas emociones, parece que seamos incapaces de explicar que nos ocurre.

Podemos estar expresando emociones y esconder las verdaderas emociones. Si en nuestra familia se ha reprimido la tristeza  y hemos aprendido a ocultarla, quizá  la expresemos mediante la ira o al contrario, si hemos reprimido el enfado podemos estar expresándolo con tristeza.

Cada vez que se nos activa una emoción sufrimos un cambio de ánimo más o menos notable, ese cambio de ánimo, esa emoción nos genera un sentimiento que no es más que la racionalización de la emoción a través del pensamiento.

A la vez ese sentimiento provoca una respuesta en nosotros que en caso de sobrepasarnos nos lleva a sentir estrés, el cerebro reptiliano toma el control, nos sitúa en posición de miedo y nos prepara para una de las tres opciones disponible desde siempre:

  • Huir
  • Atacar
  • Hacernos el muerto.

Este proceso que nos genera miedo y estrés es debido a que estamos procesando en el presente experiencias del pasado.

Nuestra memoria se genera en base a un echo sucedido y lo que genera la impronta más fuerte en nuestras neuronas, son las emociones sentidas ante una situación vivida.

Es por este motivo que en el momento que nos sucede una situación en el presente que dispara nuestras emociones el cerebro las recupera del pasado para tomar una decisión en el presente en base a la experiencia vivida o las creencias acumuladas por nosotros.

Al mismo tiempo esa emoción recuperada del pasado genera una reacción en nuestro cuerpo, puede disparar los latidos del corazón, enfriarnos las manos, dejarnos agarrotados.

Si nos encontramos en la calle y de repente aparece un monopatín directo a nosotros reaccionaremos en huida, nos apartaremos para preservar nuestra existencia. El cerebro reptiliano ha actuado, vemos el monopatín, sentimos miedo, el cuerpo reacciona ante ese miedo apartándose.

Las emociones son agradables o desagradables en función de la experiencia pasada que hemos vivido. Si vivimos un momento presente con angustia, debemos indagar que experiencia pasada hemos vivido con una emoción desagradable que nos genera esa angustia, ese miedo.

Cada vez que en el presente vivimos la angustia, nuestro cuerpo entra en fase de estrés y comienza a generar cortisol para prepararse para una de las tres opciones del miedo.  Huir, atacar o hacerse el muerto.

Si la situación de estrés se vivió o vive de forma inesperada, en soledad y no la podemos expresar se creará una impronta en nuestro cuerpo, almacenando esa emoción, ese estrés en nuestros órganos, músculos y sistema conjuntivo. Se trata de un impacto total sobre nosotros dando lugar a lo que se denomina conflicto biológico.

El cuerpo se convierte en este caso en nuestra parte inconsciente, hemos reaccionado tantas veces de la misma forma que ahora es un hábito, una respuesta inconsciente. Es como cuando conducimos y al legar al destino no somos conscientes de lo que hemos hecho para llegar, tenemos la ruta tan integrada que es un hábito que el cuerpo desarrolla de forma inconsciente.

Una de las hormonas que forman parte de nuestro bienestar emocional y físico es la oxitocina, una de las situaciones en que se genera es por el contacto. Contacto de la madre con el hijo, contacto físico con otras personas. De ahí que por ejemplo ahora con la pandemia podamos sentirnos más tristes, nuestros niveles de oxitocina pueden haber disminuido por la falta de contacto con otras personas.

Si en nuestra niñez buscábamos el contacto de nuestra madre y éste era mínimo es posible que tengamos una emoción/recuerdo almacenado que nos genere tristeza, frustración o rabia.

Hay que analizar de dónde vienen nuestros miedos, que emociones reales nos provocan esa tristeza o ese enfado para poder integrar nuestro pasado en el presente de forma equilibrada.

Nuestro cerebro prefrontal, el racional, debe estar equilibrado con el cerebro límbico (emocional) de forma que nuestras emociones puedan ser expresadas de forma correcta y sin esconderlas, de lo contrario aparece el desajuste.

Nos expresamos ante los demás por pura reacción, mediante el enfado o la tristeza.

Muchas veces decimos, me siento xxx , pienso que me ocurre xxx, pero esta expresión no son las emociones reales, hay que mirar cuál es la emoción real, es importante saber como estamos viviendo emocionalmente.

Integrar el pasado viviendo desde el presente de forma feliz y enfocándonos al futuro sin ansiedad es la base de vivir una vida plena, en el aquí y ahora.

Si no somos capaces de integrar ese pasado para aprender de él, nos veremos abocados a enfocar el futuro desde la ansiedad, desde los miedos del pasado proyectados en el futuro. Debemos tomar el pasado como una experiencia que nos enseñe a gestionar nuestras emociones desde fuera del victimismo y la culpabilidad. Centrándonos en la responsabilidad de vivir el aquí y ahora sin juicios del pasado, desde nosotros mismos como ser completo.

Sabemos científicamente que para poder sentirnos bien es importante disponer de unos niveles de Dopamina equilibrados. Puedes recordar cualquier momento en que te lo pasaste muy bien o te sentiste muy feliz, son momentos en que los niveles de dopamina subieron.  Podemos crear dopamina a través del deporte o bien trayendo a nuestra mente recuerdos que generen esa emoción de felicidad, de bien estar en el momento presente.

Al igual que nuestra mente y cuerpo reaccionan ante emociones desagradables del pasado, reaccionan de igual forma ante emociones agradables.  Por lo tanto en determinados momentos podemos cambiar nuestro estado de ánimo sin necesidad de grandes esfuerzos físicos.

En resumen, hemos de ser conscientes de dónde vienen nuestros miedos, que emoción hay detrás de ellos, llegar a la mayor cantidad de información de nosotros mismos para integrar las emociones desagradables desde nuevas perspectivas que nos permitan extraer enseñanzas y redefinirlas para que no afecten a nuestro presente y nuestro futuro.

Vivir en el estrés constante nos lleva a la enfermedad. En ese momento nos está avisando de que algo en nosotros no funciona como debiera, que nuestros conflictos emocionales están actuando sobre nuestro cuerpo y nuestra mente y es necesario cambiar.

El cambio es complejo, pero posible, sabemos de la existencia de la plasticidad del cerebro, de como es capaz reconectar las neuronas, crear nuevos caminos de información eliminando hábitos y emociones que ya no deseamos.

El polo positivo de todas las emociones es el AMOR, es la antítesis del miedo, desde el amor tendremos confianza, gratitud y ese amor a nosotros mismos y a los demás nos llevará a descubrir aquello que realmente nos hace sentir felices, aquello que nos motiva, lo que da sentido a nuestra vida, a nuestro día a día.

Enfoca todo lo que hagas desde la gratitud y el amor para crear y sentir un nivel elevado de emociones que te permitan vivir el presente desde el bienestar y afrontar el futuro desde la confianza.

Namasté

S.C.