Anhelos

Durante mucho tiempo hemos vivido una historia que hemos creído real. El primer mundo pensaba que su forma de vivir era la manera natural de desarrollarse. Tecnología punta que evoluciona continuamente, supermercados llenos a rebosar, tiendas y tiendas donde mitigar nuestras ilusiones y frustraciones.

Hemos cerrado los ojos a todo aquello que hemos incorporado como normal gracias a los noticiarios, las avalanchas de inmigrantes, el hambre en el tercer mundo, las guerras que sucedían lejos de aquí o muy cerca pero no iban con nosotros.

En medio de este caos de prosperidad y decadencia nos hemos convertido en consumidores natos de infelicidad interna y felicidad externa, delegando nuestras decisiones a lo inmediato, bien identificando las frustraciones en programas televisivos llamados “realities”, bien colocando la cabeza bajo el ala para no ver lo que realmente esta ocurriendo.

Ante esta vida vacía de responsabilidad real, llegó un pequeño bicho que ha puesto patas arriba toda la realidad. De la noche a la mañana nos hemos visto privados de la libertad básica de movimiento, hemos tenido que adaptarnos a nuevas formas de hacer las cosas, lavarnos las manos asiduamente, llevar mascarilla, guardar una distancia social, etc.

Aún y así el viejo mundo parece que se resiste a cambiar, las colas en los grandes almacenes, tiendas, supermercados y demás muestran una imagen de este primer mundo que dista mucho de los conceptos de responsabilidad.

Anhelamos regresar a un estado vivencial que ya no existe, no aceptamos el cambio de paradigma que nos ha traído la pandemia y que nos esta mostrando a gritos que hemos de cambiar, que nuestro modelo de vida debe reenfocarse en base a una mayor responsabilidad social e individual.

Vivimos en un mundo que dispone de diversidad, que es capaz de abastecernos de aquello que necesitamos si lo hacemos de forma sostenible. Hemos de inventar la fórmula para que aunque cada vez seamos más, poder evolucionar y expandirnos coherentemente con el entorno. Tres cuartas partes del planeta son de agua, gastamos cantidades ingentes de dinero en explorar la luna o buscar petróleo cuando quizá deberíamos acercarnos más a estos océanos y mares que no paramos de ensuciar y que son parte de lo que nos mantiene.

Hay que construir la utopía para llegar lo más lejos posible. Somos afortunados por vivir en una época en que los avances científicos nos permiten afrontar la pandemia desde una perspectiva compleja, pero con una posible solución, aún y así hemos de afrontar un gran número de retos que van más allá de la propia pandemia.

Los modelos económicos del mercado han ido funcionando, pero cada vez están quedando más obsoletos, el consumo ilimitado, el fabrico, compro, caduco y vuelvo a comprar empieza a ser insostenible ante un entorno donde muchos ya no pueden casi ni comer.

Las capas sociales que sostenían este modelo están quedando fuera del sistema y sin ellos vuelven las épocas feudales, un gran señor que mantiene al súbdito y lo deja sobrevivir. Ahora el señor feudal se llama Ayuntamiento o gobierno autonómico o central. El señor feudal recauda sus impuestos y deja sobrevivir al plebeyo.

Si no avanzamos hacia modelos totalmente distintos lo que haremos es involucionar, nos encontraremos en el punto de que en pro de la seguridad y las necesidades autocreadas perderemos aquellos derechos que nos han permitido avanzar.

El cambio debe ser el reto de lograr una sociedad distinta, más avanzada y justa.

Los retos que el mundo está colocando ante nuestros ojos, nos llevan a la solidaridad entre todos para avanzar, ¿de que sirve salvar una parte del primer mundo si no ayudamos al tercero?, ¿nos encerraremos en una jaula de cristal para evitar que una vez erradicado el virus en los países ricos no nos infectemos de los países pobres?

Seamos conscientes de nuestro entorno, tenemos una pandemia mundial, campos de refugiados, países en guerra, países con inundaciones, sistemas sanitarios colapsados, niños desnutridos, un cambio climático galopante y aún así nos sentimos el ombligo del mundo.

Seguimos haciendo lo mismo de siempre, avanzando a paso de tortuga hacia un mundo tan inestable como nuestras mentes. Tímidos pasos hacia energías renovables, transportes sostenibles y una solidaridad tan reducida que es incapaz de llegar a las áreas desfavorecidas del planeta.

El anhelo de lo que hasta el momento había sido la normalidad y que hemos pasado a llamar nueva normalidad ya no volverá y este cambio nos ha de llevar a romper con las estructuras de dependencia existentes para colocarnos en la casilla de salida de una nueva sociedad en la que la colaboración, la filantropía y la búsqueda de soluciones globales sean el objetivo del planeta. El respeto a la naturaleza, al entorno, en definitiva, a nosotros mismos, ha de permitirnos alcanzar unos niveles evolutivos basados en la ética humana, la solidaridad y el respeto a los demás.

S.C

 


1 Comment

Ann · 07/01/2021 at 15:11

Totally agree!! 👏👏

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