Del enfado a la identidad

El enfado es una emoción. Una de las emociones que se tiende a evitar por el malestar que puede provocarnos. Viene derivado de una situación con alguien o hecho que pone en marcha todo un conjunto de reacciones psicológicas y físicas que nos ubican en un estado alterado.

El enfado es una parte de la ira, en un grado que pude ser bajo cuando sentimos esa tensión interna que necesitamos sacar por ejemplo lazando insinuaciones verbales. Si el nivel de ira es superior podemos ser agresivos o atizar con lo que hay a nuestro alrededor.

En cualquiera de los casos el enfado determina que no estamos de acuerdo con alguien o alguna situación, en ese momento tendemos a defender nuestro punto de vista como si se tratase de una verdad absoluta.

¿Y qué es la vedad?, nuestra verdad siempre es una verdad sesgada y subjetiva que parte de nuestros juicios, experiencias y creencias.

¿Qué esta ocurriendo cuando nos enfadamos? Cuando sentimos esa indignación interna es que nos sentimos agredidos y nuestra programación interna, nuestros patrones subconscientes, dan una respuesta reactiva ante una determinada situación.

Esa respuesta automática viene determinada por nuestras experiencias pasadas, por nuestras creencias y valores que están integrados en nosotros como “Nuestra Verdad”, una verdad que es la que da forma a nuestra Identidad.

Nuestra identidad se sustenta en nuestras creencias y valores, por lo que al enfadarnos sentimos que nuestra identidad esta siendo atacada. No somos capaces de separar la conducta o hecho que está sucediendo del individuo bien seamos nosotros o el otro, mezclamos persona y conducta.

A partir de esta mezcla iniciamos un juicio interior, una victimización personal o del otro que genera emociones entre las que se encuentra la ira, con un dialogo interno basado siempre en “nuestra verdad”.  Nuestro ego, máscara con la que nos mostramos, no acepta que exista una verdad distinta, tenemos la sensación de que estamos perdiendo el control de algo.

En este estado subyace realmente un miedo que desencadena el mecanismo de defensa ante un ataque que en este caso es ficticio. Aquí, en este punto, es donde debemos reaccionar y determinar que es lo que nos esta generando ese miedo defensivo. En muchas ocasiones es nuestra inseguridad y falta de autoestima.

La falta de autoestima o la inseguridad nos llevan a victimizarnos, a externalizar la culpa en los demás, evitando toda responsabilidad sobre la situación, cuando en realidad somos los únicos capaces de gestionar la realidad del momento.

Son nuestros pensamientos los que nos generan los juicios y valoraciones sobre una situación concreta, son ellos los que generan nuestros sentimientos y emociones. Nuestras creencias y experiencias, propias o heredadas de nuestro árbol familiar son las que realmente nos presentan una realidad totalmente subjetiva.

La pregunta que surge ahora es: ¿Cómo gestiono esa situación si son mis patrones internos los que reaccionan, cómo modifico esos patrones?

Tus patrones internos ya forman parte de ti, se han grabado en tu subconsciente desde la infancia, no importa el tipo de infancia, puedes pensar que fuiste muy feliz, que has vivido siempre entre nubes de algodón, pero aún y así cuando reaccionas ante determinadas situaciones con ira es que existe una herida que no has atendido, una herida de la que llevas huyendo toda la vida y que hasta que no la cures se repetirá.

Habrá situaciones en tu vida a nivel laboral, de pareja, familiar, que se irán repitiendo como respuesta automática de tu patrón subconsciente hasta curar esa herida de tu niño interior, hasta que lo sostengas, le digas que no pasa nada que todo esta bien y que sin juicio alguno lo veas como tal, un niño que no supo que hacer ni como reaccionar ante una situación determinada.

Esa herida provoca en nosotros reacciones inconscientes que intentan subsanarla. Si en algún momento nos sentimos abandonados o desvalorizados estos sentimientos afloran en la actualidad ante aquellas situaciones o personas que despiertan nuestra herida.

Ahora pregúntate: ¿Quién soy?

¿Qué te viene a la mente? Muchas veces nos definimos con adjetivos como, soy médico, soy físico o nos identificamos con valores como soy amable, caritativo, empático etc.

En ocasiones en las sesiones de Coaching con PNL para lograr conocer la identidad de la persona le pregunto, “¿Si fueses un animal cuál serías?, una vez definido el animal la persona le asigna unos valores que son con los que él se identifica. Es un principio para iniciar la búsqueda de quiénes somos realmente.

Pero todo esto son atributos en torno a lo que realmente somos, y nuestra situación profesional puede cambiar y también nuestros valores. Por lo tanto, somos seres cambiantes, mutables a lo largo de nuestra vida. La inmutabilidad no existe, todo cambia.

Entonces, ¿Quién somos realmente?, ¿Qué hay en nosotros que se mantenga en el tiempo?

Nuestra vida sucede entre pensamientos, escuchamos un sonido, vemos un color, sentimos el tacto de alguien o nuestros pies en el suelo. Entre cada acción, cada pensamiento existe lo que definiremos como una experiencia. Es decir, si nos preguntamos “Veo un color ahora”, nuestra mente nos mostrará una experiencia de colores, somos capaces de visualizarlos. Si nos preguntamos, “¿Siento el suelo?” sentiremos la experiencia, por lo tanto, después de la pregunta siempre aparece una experiencia tangible o imaginable.

Ahora pregúntate “¿Soy consciente?”, tu repuesta será .  Pero, entre la pregunta y la respuesta la experiencia es distinta, no es algo tangible, no tiene forma, pero la experiencia está ahí.

En ese punto estas tú, ese eres tú, la consciencia sin forma, intangible. Libre de juicio, libre de creencias. Sin ego.

Podemos definir nuestra existencia dentro de tres niveles de consciencia, una parte consciente que llamamos “consciencia”, otra parte inconsciente a la llamaremos subconsciente y otra liberada de todo juicio que llamaremos consciencia superior que en ocasiones llamamos “Yo superior”.

En el día a día y ante aquellas situaciones que nos alteran, nos hacen sentir mal y generan en nosotros sensaciones desagradables hemos de ser capaces de soltar, de dejar ir, de eliminar la necesidad de control para fluir con la situación desde un espacio sin juicio, en resumen hemos de poner en contacto nuestro “Yo Superior” con nuestro “subconsciente”, de forma que los patrones que hay en él puedan evolucionar, modificarse y responder ante las situaciones de forma distinta, hay que lograr sanar la causa para que el patrón cambie.

El único nexo de unión entre nuestro “Yo superior” y el Subconsciente es nuestra Consciencia, para que se comuniquen sin interferencias debemos abandonar nuestros juicios, simplemente preguntarnos “¿Soy consciente?” para que desde ese espacio sin forma nuestro Yo superior se comunique con nuestro subconsciente.  

En nuestro espacio seremos capaces de cambiar creencias, hacer crecer nuestro mapa interno, ampliar la lista de valores o priorizarlo y en definitiva crear una realidad en que nuestros pensamientos, palabras y hechos estén en concordancia, atrayendo hacia nosotros una inmensa paz interna. Estaremos en “la coherencia”.

La coherencia nos sitúa como individuos sin necesidad de reconocimiento externo, somos responsables de nuestra vida, sin juzgar, sin culpar, sin ser victimas de nada.

Lo externo es externo y nosotros somos nosotros, ya somos capaces de separar individuo de actitud y comportamiento, el control desaparece, todo fluye, no hay reacción automática, el programa del subconsciente aflora de forma distinta pues sabemos cuál es nuestra identidad desde la coherencia.

Suelta, comunica desde la coherencia y siente la paz interna

 

Namaste

S.C.E