Las personas tenemos tres dimensiones, la física, la mental y la espiritual. Cada una de estas dimensiones nos gestiona en entornos que dan sentido a nuestro existir.

Nuestra mente genera pensamientos que a su vez se convierten en sentimientos que nos llenan de emociones que finalmente llegan a nuestro cuerpo.

Esta representación de los pensamientos es la que nos genera una realidad, que no es la realidad del mundo real, es nuestro mundo subjetivo representado.

Nuestro mundo representado será tal y como lo pensamos, de hecho, podemos decir que nosotros somos “Dios, el todo, la energía, un ente superior, aquello en lo creamos”, si ese ente superior nos creó a su imagen y semejanza, lo hizo a través del pensamiento y por tanto si somos la creación de un pensamiento somos una parte de “Dios”.

Del mismo modo todo aquello que creamos surge de nuestro pensamiento y en consecuencia la realidad que cada uno de nosotros vive, es una creación propia y distinta del mundo real.

Si vemos un amanecer, lo transformamos en nuestros pensamientos, generando unas emociones concretas derivadas de las experiencias vividas por cada uno de nosotros. Si alguien fue muy feliz en un amanecer, cada vez que lo observe seguramente tendrá emociones y sensaciones agradables. En el caso de haber padecido algo doloroso en un amanecer es posible que la realidad cambie y nuestras sensaciones y emociones sean desagradables.

Hay que determinar que “nuestros juicios no son la realidad”, hay que enfocar nuestra mente a pensamientos que nos liberen de nuestros límites, modificar aquellas creencias que nos desvalorizan y limitan, ver el vaso medio lleno. Nuestra mirada debe observar al mundo como un mundo amigable, evitando los juicios previos que muchas veces nos hacemos.

Debes evitar ver al mundo de forma hostil, pues es una creación de nuestra mente. ¿Cuántas veces no preguntamos por vergüenza, por miedo o por el simple hecho de predecir una respuesta negativa?

Abre la mente y observarás que muchas de esas creencias limitantes solo existen en tu mente, en tu representación de la realidad y te darás cuenta de que vivimos en un mundo mucho más amigable de lo que creías.

En este sentido hay que interpretar lo que nos sucede desde la vertiente de “¿Cómo me ayuda esto que me ocurre?, ¿Qué enseñanza puedo extraer?, ¿Cómo puedo mejorar mi experiencia?

Ya lo decía Einstein: “Si siempre haces lo mismo como esperar resultados distintos”.

Se trata de hacer algo y si el resultado no es el esperado mantener nuestra ilusión para crecer desde la contribución. Hay que buscar aquel resorte que nos impulsa, aquel pensamiento que hacer hervir nuestras emociones para lograr lo que deseamos.

La representación interna de la realidad es mucho más pobre que el potencial del mundo real, tenemos un mundo entero a nuestros pies para lograr aquello que nos propongamos. Hay que fiarnos más de ese mundo real, para ello hay que indagar, buscar, preguntar y así nos daremos cuenta del potencial infinito que existe en ese mundo real en el que vivimos y en consecuencia de nuestro inmenso potencial personal.

Y al final de todo pregúntate: “Y si fuera posible, cómo cambiaría mi vida”, céntrate en cómo sería esa vida, no en como lo harías, simplemente visualiza tu vida ya cambiada, en como vives, como te sientes, que emociones tienes en que parte del cuerpo las sientes. Solo así formarás parte de ese mundo real tan grande como tu desees que sea.

S.C.E


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