Vivimos en una época de continuos cambios, lo que ayer parecía ciencia ficción hoy viene a convivir con nosotros para mostrarnos una realidad aún más exigente con nosotros.

Esta situación nos obliga a que nos adaptemos en muchas de nuestras costumbres y tareas que hasta el día de hoy realizábamos con el piloto automático.

Debemos lavarnos las manos con mayor asiduidad, llevar mascarilla, mantener una distancia social, trabajar bajo más medidas de protección. Todas estas novedades junto a la actual situación económica de muchas empresas hacen que nuestros pensamientos sean recursivos y en muchos casos negativos.

Nuestro diálogo interno nos repite mensajes sobre nuestra situación laboral, económica o familiar. Es un bucle infinito en nuestra mente.

Generamos nuestra realidad en base a esos pensamientos recurrentes, lo que observamos y escuchamos pasa por el filtro de nuestra mente adquiriendo comprensiones subjetivas que generan una realidad en muchas ocasiones más oscura de lo que realmente es.

Para cambiar nuestra realidad debemos comenzar gestionando nuestros pensamientos.

Cuando nuestra mente se centra en el pasado o bien en el futuro provoca que gastemos gran cantidad de energía, nos pasamos el día dando vueltas a los mismos temas, nos acostamos y nuestra mente sigue envuelta en los mismos pensamientos, nos cuesta dormirnos y al despertar nos sentimos faltos de energía. Esos pensamientos comienzan a afectar a nuestro cuerpo físico debido a las emociones que generan.

Si luchamos contra nuestros pensamientos no paramos de alimentarlos, cada negación de un pensamiento hace que crezca y le damos más importancia.

El objetivo es darnos cuenta de que no somos la mente que genera los pensamientos, sino que somos algo por encima, que observa esos pensamientos, sin juicios, se trata de un yo más profundo, una conciencia elevada que no mentaliza, que simplemente “es” y que observa los pensamientos de forma pasiva, sin clasificarlos, simplemente dejándolos pasar de forma que lentamente nuestros pensamientos se van distanciando entre ellos, sin esfuerzo, sin lucha.

Es como ver un rio por el que bajan troncos donde cada pensamiento es un tronco y los observamos pasar por delante nuestro, sin más, sin opinar ni juzgar. 

Al no identificarnos con los pensamientos la conexión va perdiendo su energía y comienzan a disolverse recuperando nuestro ser esencial, nuestra paz y ese espacio y silencio donde somos nosotros realmente volviendo al aquí y ahora.

Las herramientas para poder gestionar nuestros pensamientos son la meditación y el ejercicio físico.

La meditación nos permite observar ese rio lleno de troncos y ver como se desplazan rio abajo sin más, soltando todo enlace con ellos y liberando nuestra mente a la calma y la serenidad.

Aunque en un primer momento parezca realmente difícil rompes nuestro dialogo interno, es necesario reconvertir nuestros pensamientos.

Al igual que los pensamientos nos generan emociones y estas acaban afectando nuestra salud, podemos darle la vuelta a la tortilla.

Imagina una realidad distinta, una realidad tal y como te gustaría, siente las emociones de esa realidad, nota como impregnan todo tu cuerpo. Imagina sin límites aquello que anhelas, vívelo como si ya existiera y recorre el camino inverso de sentir la emoción y que necesitas para lograrla.

Mediante estos pasos las nuevas emociones provocarán cambios en nuestro ser físico y al a vez los pensamientos y el diálogo interno se enfocará hacia un aquí y ahora emocionalmente enriquecedor.

S.C

Imagenes de
John Hain en Pixabay
Gerd Altmann en Pixabay

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