Desde hace ya tiempo la ciencia nos ha demostrado que el cerebro es plástico, es decir, que se amolda a las situaciones y experiencias, siendo capaz de modificar sus conexiones neuronales para dar respuesta a nuestros retos adaptativos.

La plasticidad neuronal representa la facultad del cerebro para recuperarse y reestructurarse. Supone ser capaz de cambiar. Mediante la plasticidad cerebral somos capaces de modificar hábitos o conocimientos predeterminados y aprender cosas nuevas.

Eduard Punset, en su libro “Por qué somos como somos”, nos cuenta que en nuestras decisiones recurrimos a intuiciones que requieren mucha menos información de lo que creemos. Que tomamos decisiones con un gran nivel de incertidumbre. Y que cuando el cerebro percibe una explicación distinta a lo que creemos no sólo la cuestiona, sino que además corta los circuitos de comunicación para que no llegue a nuestra parte consciente.

Es a lo que se llama disonancias.  Es decir, nuestro cerebro bloquea la información racional que podría hacernos cambiar de opinión, ya que preferimos las convicciones emocionales o morales a las confirmaciones racionales.

Las personas preferimos escuchar lo que queremos escuchar, leer lo que queremos leer, opinar lo que queremos opinar. Por lo tanto, debemos entender que existe una relación entre lo cognitivo, lo emocional, lo vivencial y el aprendizaje.

Nuestras emociones tienen una base experiencial, desde el momento en que nacemos asociamos determinadas acciones a la alegría, el miedo, la ira, en resumen, todo aquello que nos hacer sentir confortables genera emociones agradables y al contrario.

Tomamos decisiones en función de emociones, el hombre primitivo tomaba la decisión de huir o luchar en función del miedo sentido. En la actualidad nuestra alegría nos puede conducir a la toma de decisiones más arriesgadas por el hecho de actuar sobre nuestro cerebro inhibiendo señales de advertencia y otras emociones como el miedo que en otro momento podrían frenarnos.

Si estamos tristes nuestros pensamientos tenderán a descubrir un menor número de opciones ante una situación o problema concreto.

La alegría nos conduce a un estado de felicidad y en consecuencia a un aumento de la dopamina, que ayuda al aprendizaje porque ante la satisfacción de una respuesta correcta, se refuerza la memorización de la información de la respuesta correcta o del modo en cómo se ha solucionado un problema.

El mismo proceso, pero inverso, cuando la respuesta es incorrecta o la manera de actuar errónea, el nivel de dopamina baja, dando lugar a sentimientos desagradables, y este mecanismo hace que nuestro cerebro haga esfuerzos por evitar repetir lo que considera que esta mal.

Es fácil deducir que nuestras decisiones serán más acertadas en estados de felicidad o estados emocionales agradables en los que los niveles de dopamina serán mayores, aún y así debemos tener en cuenta que nuestro cerebro bajo ciertos niveles de estrés inclusive en estados emocionales negativos es capaz de procesar la información de una manera mucho más rápida de lo habitual e incluso de observar más cantidad de información que en un estado normal sería descartada de forma inconsciente.

En estos casos tomaremos decisiones llegando a variar la prioridad de nuestros valores por ejemplo para lograr una inmediatez de ejecución. Ejemplos de estos estados serían cuando alguien salva a otra persona poniendo en peligro su propia vida.

Supongamos que nos sentimos infelices, en este estado nuestra mente nos lleva a un estado en que sufrimos en mayor o menor grado dependiendo del motivo o situación que ha provocado nuestra tristeza o enfado. Ante esta situación podemos tomar la decisión de comprarnos ropa, un reloj, sentarnos a tomar algo o erradicar un determinado comportamiento o situación de nuestra vida.

Cuanto más radical sea nuestra decisión significará que nuestro estado emocional ha recibido un mayor impacto y la respuesta racional se apoyará en esa emoción.

En resumen, en el momento de tomar decisiones debemos tener en cuenta nuestro estado emocional, es aquel antiguo dicho de «Cuenta hasta 10 antes de dar una respuesta»

S.C

Imagen de Sophie Janotta en Pixabay 


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