La situación actual nos ha demostrado varías certezas

  1. La solidaridad entre las personas.
  2. La responsabilidad social y personal de la población.
  3. Que la conciliación familiar es posible si se desean aplicar cambios.
  4. La existencia de una burocracia inútil que se nutre de la ineficacia.
  5. La resiliencia de los ciudadanos.

La responsabilidad individual y mayoritaria de las personas ha permitido gestionar el confinamiento de forma eficiente, evitando un contagio mayor de la población. La fuerza de la sociedad se ha puesto de manifiesto.

Este confinamiento ha demostrado que horarios laborales más cortos o seguidos, son posibles, y que, junto al teletrabajo, aunque no sea al 100%, da lugar a una sociedad más humana donde las familias pueden disfrutar de más tiempo de padres e hijos.

Esta situación nos ha recordado que habíamos olvidado qué es la vida, vida familiar, que significa jugar con los hijos, educarlos, o echarlos de menos. Cuan importantes son los amigos, los padres, los abuelos o los hermanos y a la vez nos ha mostrado una parte importante de nosotros mismos, de necesidades no cubiertas o miedos escondidos, situaciones que se aplazaban con la excusa de la falta de tiempo.

Nos ha enseñado la importancia de un abrazo sin venir a cuento, de un beso tierno, de una palabra bonita que nos alegre y reconforte el día.

Habíamos dado tantas cosas por hechas. Pasear en un parque, ir a la playa, desplazarnos de un sitio a otro.  Volvemos a ser conscientes del valor de las pequeñas cosas, de la sencillez de la vida que habíamos complicado tanto.

Nos ha forzado a reencontrarnos con nuestra identidad, a darnos cuenta de cómo nos relacionamos con nuestro entorno desde nuestro ego. Cómo somos con nuestros defectos y virtudes. A conocer a los que conviven con nosotros en toda su extensión y aceptarlos.

Cuando la pesadilla termine seremos las mismas personas las que debemos aprovechar estas enseñanzas y visualizar un modelo de sociedad más avanzado, más humano, más solidario.

Y cuando digo las personas, incluyo a empresas y políticos, que por cierto, por si ellos lo habían olvidado, también son personas y se deben a la sociedad que es quien les permite vivir.

Este nuevo modelo social debería centrarse en nuevos valores que se asienten definitivamente en sólidas bases orientadas a las personas y nuestro entorno natural.

La naturaleza será quién nos permita ganar al virus, la medicina nos ayuda, pero muchos principios activos se basan en el entorno vegetal.

Muchos de los valores sociales ya existen, pero no se aplican a nivel global, la globalización debe transformarse en la extensión de estos valores.

El respeto, el amor, la libertad, la justicia, la tolerancia, la paz son valores que además de aplicarlos a nosotros mismos, las personas y las culturas, hemos de ser capaces de trascender y aplicarlos al planeta, los animales, los vegetales, los insectos, a todo aquello que nos rodea, pues solo desde el respeto y el amor a nuestro entorno podremos ofrecer los mismo a nuestros semejantes.

Este reto, lejos de ser inmediato, conlleva un cambio de mentalidad radical, una forma distinta de ver la realidad, dejando de sentirnos el ombligo de todo, para pasar a ser una parte ínfima del todo.

La responsabilidad social es ahora de todos, es necesario analizar cada uno de los errores que hemos cometido en el último cuarto del siglo XX y principios del XXI con la finalidad de enfocarnos a un modelo social capaz de superar los límites del pasado, reconvertir nuestras necesidades materiales para alcanzarlas en la medida justa y con una producción respetuosa con las personas y el medioambiente.

Si somos capaces de llevar a cabo este nuevo enfoque, el ser humano será más holístico y crecerá espiritualmente. Y como dicen, “los ojos son el espejo del alma”, miremos nuestra alma ahora que estamos a tiempo, no sea que luego, sea tan tarde que lo que veamos nos aterrorice.

El Universo ha dicho: “Deteneos un poco” y debemos aprender de la situación, ahora somos conscientes de las prioridades de la vida, de lo que realmente importa, no dejemos escapar este regalo que la naturaleza nos da para aprender.

Namasté

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S.C


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