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Empezó el siglo XXI y todos esperábamos cambios en nuestro entorno social, en la sanidad, el trabajo, la familia.

Nos explicaron que este siglo es la era de Acuario, que habría una evolución humana, un despertar de la conciencia donde dejase de reinar el egoísmo y el materialismo exagerado. Acuario sería entonces la era del conocimiento profundo al alcance de todos.

Avanzaba el siglo y al llegar al año 2008 llegó un cambio profundo, pero en una dirección equivocada, la economía se desplomó y todos nos sentimos un poco más pequeños, una primera corriente de pensamiento alternativo tomaba fuerza, debíamos creer más en nosotros mismos y ser más solidarios.

Pero no sucedió así, los desahucios se multiplicaron, las personas perdían su empleo y los países se arruinaban económica y moralmente forzados por unas decisiones impersonales e inmorales que procedían de Europa. Los bancos seguían en pie y las personas pasaban hambre. Aún y así seguíamos esperando empleos bajo las directrices tradicionales, soñábamos con volver a aquellos felices primeros 8 años que el euro nos hizo sentir a todos más ricos y poderosos.

Siguió avanzando el Siglo y los años y en 2012 todos preveían el cambio radical esperado, los Mayas lo habían predicho, era el fin del mundo, un cambio de ciclo total que nos llevaría a una nueva concepción de la sociedad. Pero, oh! misterio, nada sucedió, todo continuaba igual.

El fundamento básico de la nueva era pasaba por la aceptación y el respeto hacia todas las creencias y religiones, para así lograr que la humanidad viviese de manera pacífica y armoniosa.

No habíamos aprendido de la crisis del 2008 y aún estábamos en proceso de recuperación económica, bajo el mismo modelo de consumo compulsivo, únicamente frenado por el auge de los precios, las bajadas de los salarios y el desempleo.

Han transcurrido ocho años desde aquel 2012 y ya entrado el 2020 ha aparecido un nuevo aviso. Un virus minúsculo que ha puesto en jaque a toda la humanidad, sin tener en cuenta el origen étnico, ni la riqueza, ni el rango de cada uno de nosotros.

Algo tan pequeño ha venido a enseñarnos lo insignificantes que somos. Nos creíamos el ser dominante del planeta, propietarios de todos los recursos, que podíamos hacer con ellos lo que quisiéramos sin tener en cuenta nuestro entorno y de repente nada de todo eso tiene importancia .

Ahora sabemos que somos frágiles, que vivimos en una sociedad insolidaria , en que la política se ha orientado en el beneficio inmediato olvidando el futuro a largo plazo y a las personas.

Las políticas económicas han creído que la raza humana es omnipotente, que ya tenía todas las enfermedades controladas y que por lo tanto no hacia falta invertir en sanidad, en medios, en mejoras, en especialistas.

Hemos sido arrogantes, pensábamos que las grandes pandemias solo ocurrían en el tercer mundo, y claro, eso quedaba tan lejos de nosotros.

Esa misma política ha permitido desplazar la producción de nuestros bienes a países lejanos por el mero hecho de que la producción es más barata, olivando la ética del ser humano al no importar en que condiciones se produce. Y a este hecho le hemos llamado “Globalización” una palabra que permite eliminar toda emoción y ética respecto a la persona.

Este virus ahora nos recuerda que somos incapaces de producir, que la globalización no nos permite importar ni exportar productos, que el petróleo sigue siendo útil pero en menor medida, y que la codicia sigue escondiéndose en aquellos que aprovechan el miedo y la desesperación de la gente para ganar más dinero, para controlar más al rebaño.

Ante esta situación cómo será el futuro? , cómo saldrá la sociedad de este bache?

Por un lado, sabemos que la información es poder, y en la situación actual la información puede ayudar a salvar vidas, pero, ¿qué ocurrirá con esta información cuando la pandemia pase?

Quieren controlar el movimiento y socialización de las personas a través de los móviles, están creando aplicaciones para poder hacer seguimientos médicos y saber quién esta contagiado, quién no y quién ya es inmune.

Todo este proceso de control puede parecer positivo de entrada, y lo es, siempre y cuando el propósito sea luchar contra la expansión del COVID-19. ¿Pero que ocurrirá después?

Si ya tenemos a la población controlada, para que dejar de controlarla, y aquí viene el cambio de paradigma.

¿Pasaremos a ser números controlados con la excusa de las pandemias? ¿Será este el inicio del gran hermano publicado en el libro «1984» de George Orwell?

¿O la sociedad dará un giro de 360 grados para volver a ser más solidarios, más humanos y respetuosos con el entorno?

Cuando la tormenta pase, veremos qué hemos aprendido realmente y hacia donde nos conducen estos nuevos tiempos.

En el siguiente post hablaremos de los nuevos escenarios que se abren ante nosotros.

Namasté

S.C

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1 Comment

Ana · 18/04/2020 at 08:03

Totalmente de acuerdo confiar en que sí vamos a aprender, tomar conciencia e integrarlo así podremos seguir avanzando con más amor para tod@s y para el universo.???

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