Buda comparó una vez la meditación con tocar un instrumento de cuerdas. Si las cuerdas están demasiado flojas, no reproducen un sonido, si están demasiado tensas pueden romperse al tocarlas.

De la misma forma en la meditación la mente no debe estar demasiado relajada, situación que lleva al sueño, ni demasiado tensa lo que haría que el cuerpo también estuviese tensado e incomodo.

Hay que encontrar el equilibrio natural entre el estado de alerta y la relajación para que la meditación fluya de forma fácil y elegante.

La meditación es algo en lo que uno se implica voluntariamente, que nos permite dejar de ver el árbol para ver el bosque, es un método para llegar a conocer tu mente, reconocer el estado en que nos encontramos, cómo nos afecta el entorno, el ruido que escuchamos, el silencio, la dureza de donde estamos sentados o tumbados, escuchar nuestro dialogo interno sin juzgarlo, simplemente mirándolo como si cada pensamiento fuese un tronco que baja por un río que observamos desde un puente.

Elevarnos con la meditación nos muestra el bosque de opciones que tenemos a nuestro alcance, las piezas encajan como en un puzzle  y somos capaces de obtener toda la información necesaria para acallar ese dialogo interno que no para de bombardearnos con discursos que solo nos muestran el árbol.

S.C.


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