El sociólogo Zygmunt Bauman creó el concepto de «modernidad líquida» para definir el estado fluido y volátil de la actual sociedad, sin valores demasiado sólidos, que en la vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos.

Nuestros valores como ser humano evolucionan con el paso del tiempo, su peso en nuestra vida puede cambiar según las experiencias que vivimos y los aprendizajes que extraemos de ellas.

Quizás en una sociedad líquida como la definida por Bauman contenga un sentido negativo desde el punto de vista de una pérdida de valores, derivado de una sociedad de consumo que los sustituye por necesidades ficticias que llevan a un olvido de aquellos pequeños actos y momentos que realmente nos llenan de felicidad.

Cambiamos el afecto por el regalo material, la presencia desinteresada por una charla escrita en un teléfono móvil incapaz de transmitir entonaciones y sentimientos.

Nos sentimos conectados en una sociedad global que a la vez nos mantiene completamente aislados del contacto humano. Sin darnos cuenta vamos perdiendo la capacidad de ser empaticos, sustituyendo emociones por emoticonos y por frases cortas y limitadas que son incapaces de mostrar un lenguaje corporal capaz de transmitir mucho más que un simple verbo.

La liquidez del texto escrito se acrecenta ante la comunicación electrónica, pasando a ser efímero en el tiempo, cambiante en minutos o segundos, lo que ahora es noticia en segundos deja de serlo y los valores sociales se transforman en otros en un abrir y cerrar de ojos, tanto de forma evolutiva como involutiva.

Ese mismo texto plasmado en papel conlleva una elaboración que representará los sentimientos de quien lo escribe. Precisa de un tiempo de reflexión y corrección en su elaboración para hacerse imperecedero entre las páginas de un libro.

Ahora bien esa misma liquidez nos ha de permitir adaptarnos a las circunstancias de la vida, de forma que nuestros valores cambien haciéndonos crecer como ser humano, dejando que nuestro corazón se adapte y se abra con amor hacia un futuro cercano e incierto en este mundo, que por muy tecnológico que parezca, sigue estando habitado por personas de carne y hueso necesitadas de respeto, cariño, amor y comprensión.

Liquidez para entender, empatizar y recobrar la esencia de Gaia con todo su potencial y contenido.


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