Nacemos y nos dan un nombre que nos identifica como alguien único y especial en esta vida. Nos desarrollamos en nuestra infància creciendo rodeados de egos individuales y especiales que se acercan o alejan de nosotros según las inquietudes, vivencias y creencias propias de cada familia religión y sociedad. Llegamos a la edad adulta habiendo sido marcados por ese entorno en el que hemos crecido aprendido y socializado.

Nuestro ego se ha desarrollado, ahora está más presente que nunca y percibimos la falsa sensación de ser alguien en una realidad particular forjada a fuerza de nuestras creencias que nos llevan a actuar de formas inesperadas.

Seguimos sintiendo la necesidad de ser aquel ser humano especial y único pero hemos olvidado la palabra humano, olvidamos La pertenencia a algo que trasciende nuestro ser, estamos desconectados de aquel alma que nos hizo nacer, ya no hablamos con nuestro yo superior que es quien realmente conoce nuestro verdadero objetivo en esta vida.

Somos como una radio sin emisoras donde todo lo que se escucha es ruido blanco, sin más.
Debemos reconectar nuestras emociones para poder escuchar aquellos canales que nos rodean, escuchar a los demás, a la naturaleza, los árboles los animales, el aire que sopla en nuestro rostro, el calor del sol y el amor infinito del alma de todas las cosas que nos rodean.

Tenemos un alma que nos conoce y sabe como contactar con el resto de almas y esa conciencia universal de la que llevamos tanto tiempo desconectados, reconectemos con nuestra esencia y nuestra pertenencia al alma colectiva.

S.C.


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