El límite de nuestro lenguaje es el límite de nuestro mundo.  (Ludwig Wittgenstein)

Nuestro lenguaje determina mayor o menor complejidad y esa complejidad expresa nuestros pensamientos para crear. A más complejidad lingüística mayor riqueza descriptiva y esta a su vez nos permite crear una realidad más elaborada y que nuestros límites del mundo se ensanchen.

La simplicidad de pensamiento no significa falta de complejidad en si, más bien conlleva un entendimiento mayor de la creación, del entorno, de la humanidad y el universo.

No hace mucho escuche una metáfora que decía: Si una ola observa a las olas de su alrededor pensando en que solo son otras olas, no le importará si se estrellan contra las rocas o en la playa, pero si en su singularidad comprende que ella como ola es océano, sabrá que el resto de la olas también son océano y todo y su individualidad todas forman parte de un todo que en este caso es océano.

Si somos capaces de concebir esa pertenecía a un todo desde la individualidad alcanzaremos la iluminación de quien es capaz de no juzgar al otro en sus imperfecciones porque realmente lo que esta reflejando son sus propios miedos, su imagen interna, aquella que todos escondemos tras la máscara de la que Jung hablaba. Esa máscara que nos permite ocultar ante los demás nuestros defectos y sentimientos más profundos y personales, una máscara que nos define hacia afuera, de forma externa, un ego que identifica al individuo por aquello que logra en vez de por lo que ya es en si.

Ese ego nos hace buscar la evidencia del error en base a un culpable externo, nos niega la realidad y nos ciega ante nuestra verdadera esencia de ser humano.

El budismo nos explica que para combatir el ego hay que seguir unos puntos:

  • No sentirse ofendido
  • Liberarse de la necesidad de ganar
  • Liberarse de la necesidad de tener siempre razón.
  • Liberarse de la necesidad de sentirse superior
  • Liberarse de la necesidad de tener más o menos.
  • Liberarse de la necesidad de identificarnos con nuestros logros (yo soy…)
  • Practicar el respeto la generosidad y la compasión desde el amor gratuito (No esperar nada a cambio de nuestras acciones)

Aplicando estos principios entenderemos que como la ola formamos parte del universo y cultivando nuestro lenguaje nos acercaremos cada día un poco más a ese océano en el que todos vivimos.

 


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *