El sufrimiento es la tercera característica de la existencia según el budismo.

La filosofía budista define una parte de la felicidad como la ausencia de sufrimiento.

El dolor físico y emocional existen y generan sufrimiento, pero este sufrimiento puede evitarse.

El sufrimiento deriva del deseo no alcanzado, de la frustración.

Somos como un niño que desea un juguete para su cumpleaños, mientras lo espera su felicidad va en incremento, cuando recibe el regalo obtiene una sensación de felicidad máxima que después va decreciendo a medida que pasa el tiempo hasta que aquel juguete termina en una esquina.

El juguete genera unas expectativas, cuando estas expectativas desaparecen o no se cumplen nos llevan a la frustración y en consecuencia sufrimiento. La no obtención del objeto deseado también nos llevará a la frustración y sufrimiento.

Para el budismo el sufrimiento es consecuencia del apego. Nos aferramos a los objetivos, las cosas y las personas, sufrimos cuando las perdemos, pero en realidad todo es transitorio. El deseo también genera sufrimiento, ya que las expectativas no cumplidas llevan a la decepción.

El apego a las personas o cosas nos hace creer que no podemos vivir sin ellas, que nuestra felicidad depende de ellas. Esta situación hace que olvidemos que los únicos responsables de ser más felices somos nosotros mismos.

Debemos aprender a descubrir que es lo realmente importante en nuestra vida, evitando el apego y las expectativas demasiado elevadas.

Otros orígenes del sufrimiento son:

El deseo de control.

Querer que todo se haga a nuestra manera,  desear imponer nuestro punto de vista, esperar que los resultados sean siempre los que deseamos. El intentar controlar todo nuestro entorno evita que podamos fluir y que las cosas sucedan de manera natural.

No aceptar como son las cosas en realidad.

Aferrarnos al deseo de que las cosas sean distintas, sin aceptar la realidad de las mismas, nos lleva a estar continuamente pensando en cómo desearíamos que fuesen. Este deseo continuo nos genera un estrés innecesario que se elimina si aceptamos la realidad tal y como es y no, cómo deseamos que sea.

Otra cosa es que tengamos los medios o mecanismos necesarios para modificar esa realidad. En este caso debemos ser conscientes de hasta que punto somos capaces de incidir en ella, dónde están nuestros límites y reconocerlos. Así, habremos aportado nuestro granito de arena aceptando la realidad y modificándola en aquello que somos capaces.

Desear que el pasado sea distinto

Vivir pensando en crear un pasado distinto al que fue, es quedar anclados. Dejar que nuestro pensamiento se mantenga continuamente en cómo podía haber sido lo que ya fue nos llevará a la tristeza y la frustración. Y una tristeza prolongada en el tiempo puede llevarnos a la depresión y al sufrimiento.

La autoaceptación

Debemos amar empezando por nosotros mismos. Ser conscientes que somos merecedores, evitando ser extremadamente exigentes con nosotros mismos. Aceptarnos tal y como somos, con nuestras limitaciones, asumir los errores como aprendizajes y perdonándonos a nosotros mismos sin generarnos culpas inútiles que no llevan a ningún lugar.


En nuestro Siglo XXI intentamos reducir el sufrimiento mediante objetivos de felicidad inmediatos y puntuales. Si estamos mal y no aceptamos una situación determinada hay quien decide ir a unos grandes almacenes y recompensarse con un perfume o una prenda de ropa.

El mero hecho de buscar esta recompensa externa, lo que realmente esta haciendo, es desviando nuestra atención de la causa del sufrimiento, enfocándonos en algo distinto. Mientras mantenemos el foco en el objeto o persona externa, la sensación de sufrimiento se desvanece, pero justo en el momento en que volvemos a la realidad el sufrimiento persiste.

Debemos ser capaces de gestionar nuestras emociones enfocándonos hacia la aceptación de la realidad, entendiéndola desde un punto de vista positivo. Podemos analizar y modificar nuestra percepción de la realidad para entenderla tal cual, sin más expectativas  ni juicios inútiles que nos llevan al sufrimiento.

La PNL analiza el lenguaje que utilizamos mediante lo que denomina el Metamodelo del Lenguaje. Desde este punto de vista las personas tendemos a:

  • Omitir información: Esta omisión es consecuencia de que quien se expresa no la considera relevante.
    • Ejemplo: Ellos dicen que se creará una crisis.  (¿Quiénes son ellos? ¿Qué tipo de crisis? )
  • Distorsionar: De forma inconsciente y en base a nuestros filtros, cambiamos datos, añadimos nuestra propia interpretación de las cosas o sencillamente no las recordamos exactamente como son.
    • Ejemplo: Es un antipático no me mira. (¿Todos los que no te miran son antipáticos? , ¿Significa esto que todos los que no miran son antipáticos?)
  • Generalizar: Universalizamos en nuestra realidad algo que quizás es individual o limitado. Un ejemplo son frases como “Todos lo hombres son iguales” , “Todas las mujeres hablan mucho”.  “Los políticos son xxx” .
    • Ejemplo: Todo el mundo me odia – ¿Todo, todo el mundo?¿Yo también te odio?

Cada persona utiliza el metamodelo de una forma determinada, es importante entender este modelo ya que a través de él podemos llegar a entender el mapa particular de cada individuo, incluidos nosotros mismos.

En muchas ocasiones hablamos con nosotros mismos, de forma mental, es lo que se denomina diálogo interno. Si somos capaces de analizar nuestro diálogo interno y determinar exactamente como es nuestro mapa, seremos capaces de ver la realidad desde otros puntos de vista más agradables o si más no aceptarla tal y como es.

El metamodelo utilizado deriva de nuestra experiencia y creencias, que filtran la información recibida generando una realidad subjetiva. Debemos analizar la causa subyacente real de las afirmaciones o interpretaciones que realizamos, ya que en caso contrario podemos llegar a conclusiones erróneas.

Desde el momento en que nuestro mapa, “Realidad subjetiva”, esta más alejado del mundo real el sufrimiento es mayor, a medida que somos capaces de adaptar nuestro mapa y aceptar la realidad con sus matices, las expectativas cambian y el sufrimiento va desapareciendo.

Debemos evitar vivir aislados en nuestra mente y no perdernos el presente.

S.C

 


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