La insustancialidad (el NO yo)

 

La segunda característica de la existencia según el budismo es lo que se denomina

“el NO yo”

Carecemos de una existencia intrínseca, esta definición deriva de la primera característica que hemos hablado en el post anterior, “la Impermanencia”.

Si todo cambia no puede haber una entidad permanente, es decir, nuestra idea sobre la existencia de nuestro “yo” es en realidad una idea falsa que surge de lo que no es más que una colección de procesos dinámicos interdependientes y condicionados en constante cambio.

De estos procesos surge la consciencia, así como la noción de ser individual. Todas nuestras experiencias puntuales en el tiempo entrelazadas entre ellas nos hacen definir nuestro “YO”, pero no deja de ser algo etéreo, puntual y sujeto al cambio.

Este concepto no elimina el concepto de personalidad, sino que afirma la inexistencia de una sustancia, esencia, o entidad intrínseca duradera en la persona.

Nuestro concepto personal, “YO”, es algo necesario para poder operar en la vida diaria. Lo que nos permite diferenciarnos, mostrarnos al mundo, relacionarnos.

Ese “YO” es puntual en el tiempo, somos en el instante presente, ni el anterior, ni el futuro, solo en el preciso instante. Justo al instante siguiente ya somo un “YO” distinto.

El budismo determina que para descubrir esta característica es necesario “el olvido del propio Yo”, el cual se consigue en aquellos momentos de máxima concentración, en los que estamos tan absortos en lo que hacemos que nos olvidamos de nosotros mismo como esencia. También indica que podemos llegar a este estado con la meditación.

Traslademos esta idea al siglo XXI y centremosla en la programación neurolingüística (PNL). Podemos definir este estado como “FLUIR”, corresponde a aquellos momentos de nuestra vida en que desarrollamos una actividad de forma placentera, sin prisas, seguros de lo que estamos haciendo y disfrutándola como si estuviéramos integrados en la propia acción.

El fluir es uno de los últimos estadios del aprendizaje, es aquel instante en que hemos integrado una enseñanza, una acción, un trabajo, tan dentro de nosotros que lo realizamos sin esfuerzo alguno.

Una vez fluimos hemos de ser capaces de ser críticos, de mejorar lo aprendido, evitar que nuestras creencias se enquisten y abrir nuestra mente para seguir avanzando. Fluir, no es llegar al fin, significa llegar a un punto nuevo de partida desde el cual la mejora puede venir de desaprender.

El dominar una materia nos lanza a nuevos conocimientos que posiblemente dejen a los anteriores como valiosos pero obsoletos.

En el siguiente artículo: El Sufrimiento.

S.C.


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