El budismo define tres características básicas de la existencia.

Impermanencia

Insustancialidad (el NO yo)

Sufrimiento, descontento o insatisfacción

Este artículo lo dedicaremos a la Impermanencia y los dos siguientes a la Insustancialidad y el Sufrimiento correlativamente.


¿Puede existir algo permanente si nosotros mismos cambiamos desde el momento en que nacemos y de forma continua a lo largo de nuestra vida?. Nuestras sensaciones varían en el tiempo, sentimos frío, calor, picor. También nuestras emociones, estamos alegres, tristes, amamos, deseamos.

Nada es eterno en este mundo, todo nace, se desarrolla y muta. Todas las cosas son transitorias, aferrarse a ellas conduce al sufrimiento. Trasladándolo a palabras del siglo XX, podríamos afirmar como decía Einstein,

“La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma”

La no permanencia nos indica que todo es mutable, todo cambia, incluso las ideas. Galileo Galilei defendía que los planetas giraban alrededor del sol, cuando la idea establecida era que todo giraba en torno a la Tierra. Esta creencia al final se cambió motivado por la percepción correcta de la realidad.

La volatilidad de las ideas parte de las creencias, podemos establecer que nuestras creencias son cambiantes en el tiempo. Aquello que ayer era una verdad absoluta para nosotros, hoy puede cambiar debido a una percepción distinta de la realidad derivado de nuevas experiencias que modifican nuestros filtros mentales.

Nuestro afán de sentirnos felices nos apega a los momentos, sentimientos y sensaciones agradables, intentando desesperadamente que se queden con nosotros. 

Al apegarnos a nuestras creencias, vivencias pasadas, propiedades o personas, olvidamos el momento presente.

La aceptación de la impermanencia permite aceptar el cambio, lo que implíca evitar el apego, vivimos el presente y somos capaces de comprender la naturaleza propia de las cosas, las personas y las ideas.

No debemos confundir el apego con el deseo, el deseo existe el problema aparece cuando el deseo no es obtenido y nuestra reacción es de frustación o enfado. Si logramos aceptar el destino del deseo, sea este amable o no cumplido, es cuando practicamos el desapego.

Las personas tienen un control limitado sobre las circumstancias que les rodean, por lo tanto, cuanto más nos aferramos a que sean de la forma que deseamos, más sufrimiento generamos ante el cambio.

Si planificamos un fin de semana y por algún motivo no puede ser como esperabamos, podemos adaptarnos y vivir el cambio o bien apegarnos al deseo y pasarnos todos los días enfadados por no haber disfrutado de ese fin de semana.

Lo importante es la aceptación del momento del “Aquí y ahora” , desde el amor a los demás, a la naturaleza, a nosotros mismos.

Lograr esta flexibilidad nos aleja del sufrimiento y nos acerca a la felicidad del momento.

En el próximo artículo : “el NO yo”.

S.C.


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