Las personas en su mayoría almacenamos emociones, sentimientos y pensamientos. En algunos casos corresponden a recuerdos agradables, de echo nuestra mente tiende a olvidar lo desagradable y recordar lo bonito, sobre todo respecto a emociones y parejas.

Otras veces esos recuerdos y pensamientos no paran de dar vueltas en nuestra cabeza con emociones que nos intoxican, agrandando hechos que muchas veces no son reales y convirtiéndolos en nuestras mentiras que al final nos creemos.

Cuando se está intoxicado emocionalmente, se procesa la información convirtiendo la realidad en algo totalmente subjetivo, y valga la redundancia, lejos de la realidad real.

La intoxicación emocional es un vínculo emocional fuera de lugar y fuera de control.

Un ejemplo de intoxicación emocional es lo que llamamos Amor.

En un principio no tiene por que ser negativa, nos muestra una realidad creada por nosotros respecto a otra persona, toda nuestra mente tiende a visualizar solo lo positivo de la otra persona dejando de lado lo negativo e ingenuamente pensando que ya cambiará. Pero si a medida que pasa el tiempo dicha realidad es cada vez más lejana de la realidad real entramos en una situación de Intoxicación Emocional que nos afecta negativamente.

Síntomas que podemos identificar de Intoxicación Emocional

 

La persona siempre está a la defensiva


Estamos muy susceptibles, parece que cualquier cosa que se nos digan sea en contra nuestra o haga referencia a nosotros. El enfado y la inseguridad son emociones dominantes cuando se está intoxicado/a emocionalmente.

Percepción de la realidad alterada


Hay un cansancio que no es sólo físico, es mental, te sientes tan sobrecargado de estímulos y emociones negativas que solo se desea estar solo/a con uno mismo.
Es una crisis que nos saca de la zona de confort, nos dejamos llevar por las emociones del momento, más que por la razón, nos sentimos descontrolados y no sabemos porqué.
Observamos lo que nos dicen desde una perspectiva de nuestro mundo, sin ser conscientes que existen otras perspectivas menos negativas y más reales.

Cada vez cuesta más tomar decisiones claras


La frustración va apareciendo derivada del agotamiento mental que no nos deja ver otros puntos de vista y perspectivas. Nos notamos apagados, infelices.
Somos conscientes de qué o quién nos está llevando a esta situación, pero no somos capaces de dejar atrás aquello que nos genera este estado. Creemos que si lo abandonamos, lo dejamos atrás e intentamos olvidar será peor.
Necesitamos estar en esa situación o con esa persona para ser algo, cuando la realidad es que nosotros ya somos por nosotros mismos sin necesidad de nadie más. El miedo a la soledad hace que olvidemos quiénes somos y ese mismo miedo nos paraliza y nos hace entrar en un bucle cerrado que impide que entremos en acción y seamos capaces de tener nuevas perspectivas, deseos de nuevos objetivos u objetivos olvidados en la recamara de los deseos.

Todo es extraño y nos parece ir al contrario del mundo


Tienes dudas y tienes miedo, estás al límite y tienes claro que ya no disfrutas de la vida, pero al mismo tiempo, dar el paso, salir de esa zona de confort, produce ansiedad. Es un ciclo vicioso muy complejo.

Pensamos erróneamente que nuestro punto de vista es el verdadero, que los demás viven la vida de forma distinta, que son felices, que sus comentarios o consejos son llevados a cabo desde un punto de vista equivocado, que no conocen nuestro sufrimiento y dolor.

Eres consciente de qué o quién te crea este caos emocional, pero todo y así, te sientes unido/a a esa persona.

Es una situación compleja que no sabemos muy bien cómo resolver, a la que no sabemos ponerle límites. Sabes que tu madre, tu padre, o la pareja te manipulan. Hay días en que todo va bien y recuerdas cuánto los quieres. En cambio, en otros momentos te  inmovilizan y desmontan.

El miedo a soltar es un signo de intoxicación emocional y su origen está en el miedo al vacío emocional que viene con la pérdida de esa persona o personas.
Pensar en ese vacío nos hace creer en que seremos débiles y nos desequilibra. Provoca que la persona se encierre en si misma. Entonces se recurre a la dependencia emocional y se busca a otros para encontrar una solución al problema , al mismo tiempo que no se desea a nadie cerca. Es una constante lucha entre lo que necesitamos y lo que no queremos aceptar.

Echamos la culpa de la situación a los demás


Nos sentimos mal con nosotros mismos, no sabemos por qué y cómo aguantamos determinadas situaciones. Este pensamiento nos hace sentir débiles, le damos mil vueltas a la cabeza y no sabemos por qué no somos capaces de poner fin a una situación simplemente diciendo la verdad o diciendo NO.

Al no ser capaces de expresarnos buscamos excusas fuera de nosotros, le echamos la culpa a los comentarios o comportamientos de los demás. Nos victimizamos pensado el gran sufrir que estamos pasando, cuando no es más que una forma subjetiva de ver la realidad. Creemos que nadie nos entiende y en consecuencia desplazamos nuestra responsabilidad culpabilizando a los demás de nuestra situación.

¿Cómo podemos poner freno a esta situación?


Debemos intentar aclarar nuestra mente, evitar ser excesivamente críticos con nosotros mismos. Todos cometemos errores y tenemos derecho a ser inútiles. Debemos aceptar los fracasos como aprendizaje, observar que podemos aprender de esos errores para no volver a cometerlos y si los repetimos no ocurre nada, simplemente hemos de perfeccionar alguna parte de nosotros, todo es experiencia.

Canaliza las emociones, hay que ser capaces de verbalizar lo que sentimos, explicar nuestro punto de vista de forma educada, positiva y sin caer en el victimismo.

Hay que tomar conciencia de nuestro cuerpo nuestras sensaciones y aceptarlas como parte de nosotros, solo así seremos capaces de soltarlas, comprenderlas y gestionarlas.

Liberarse de la dependencia emocional no es un camino de rosas pues el vacío que se siente es real, hay que procurar analizar que creencias son las que nos hacen pensar de esta forma, ver si son beneficiosas para nosotros o no, y si alguna de ellas es desagradable intentar cambiarla por otra creencia que nos permita liberarnos y tener una perspectiva distinta.

Es importante poder hablar con alguien del tema, en muchos casos mejor por ejemplo con alguien que nos haga coaching, pues tendemos a ser más sinceros con alguien que sabemos que no nos juzgará y nos escuchará desde la imparcialidad.

El simple hecho de hablar y contar la situación ya es una liberación, pues permite compartir esos pensamientos y sufrimientos convirtiéndose en muchos casos en algo más sencillo y no tan complejo como nuestra mente nos hacia creer.

Lo más importante es que seamos conscientes de nuestras emociones y cómo nos afectan y darnos tiempo para aceptarlas y gestionarlas.

 


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