Hay soledades buscadas, no buscadas, derivadas de una situación o simplemente del momento.
La soledad puede ser algo necesario, aquellos momentos en que uno se encuentra así mismo, sin hacer nada, tranquilo o bien llevando a cabo aquellos hobbies o tiempo de lectura que le permite aislarse del resto del mundo por unos instantes de infinito placer.
La soledad a veces es compartida, aquellos amigos que desean un rato de charla, o la pareja que busca la soledad como intimidad.
En otras ocasiones el día a día, las palabras, los ambientes, la sociedad o simplemente quien tenemos al lado nos engulle como un remolino hacia el fondo, sin dejarnos pensar ni actuar.

Es en este instante cuando posiblemente deseemos otro tipo de soledad buscada, por necesidad, por bienestar personal y en muchos casos pasamos a parecer egoístas por desear no estar, huir, buscar un espacio de paz.

La soledad pasa a ser transitoria, cuando decidimos dejar una pareja, un amigo o un entorno determinado que nos hace sentir mal, que no es capaz de entender como somos, que intenta engullirnos en unas costumbres que no son las nuestras, en discursos negativos o exagerados. En este escenario intentamos escapar, aparece aquella dualidad entre, lo que deseo y lo que debo hacer. Los costes de buscar esta soledad son elevados, transitorios pero altos.
Si  decidimos avanzar y tomamos la decisión, de repente nos encontramos con nosotros mismos en otro espacio, otra realidad, nuestras costumbres han arraigado tanto en nosotros que es difícil modificar los hábitos, buscar nuevos enfoques.
Nos quedamos dando vueltas dentro de un círculo vicioso de lo vivido y lo deseado, pareciendo que nuestros objetivos ya no están claros, que lo que hemos dejado atrás nos llenaba tiempos de amistades, cariños, amores, necesidades y ahora ya no existen apareciendo un vacío que deseamos llenar de alguna forma.
Es aquí cuando hay que ser capaces de encontrarnos a nosotros mismos, pasar el tiempo necesario descubriendo quién somos y que nos ilusiona para poder generar el empuje necesario para volver al exterior, recobrar las amistades, volver a formar parte de un universo de vivencias externas que dependen totalmente de nuestras convicciones internas.
Hay que buscar nuestros valores y si es necesario modificar nuestras creencias, buscar la mejor versión de nosotros mismos, ser por ser nosotros, no definirnos por lo que los demás identifican en nosotros.
Recobrando nuestra verdadera identidad regresarán las creencias y valores correctos, siendo capaces de ser felices con nuestras capacidades y quizás nuevos comportamientos, en los entornos necesarios.


RECOBRA LA IDENTIDAD y SABRÁS QUIÉN ERES


 

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