Todos los días tomamos gran cantidad de decisiones, cómo nos vestiremos, qué desayunaremos, si tomaremos café o cortado, por dónde empezaremos nuestro trabajo del día y así infinidad de pequeñas decisiones que pueden parecer intrascendentes pero que al final del día han creado una forma de vivir la experiencia diaria.

Hay ocasiones en que tomar una decisión es más trascendente, que implica analizar los efectos que tendrá tomarla, cómo afectará a terceras personas o a nosotros mismos.

En estas ocasiones es difícil sopesar lo bueno y malo, es decir, no sabemos si tomar un rumbo u otro es lo mejor. En estos casos tendrá un peso importante nuestra experiencia, nuestras creencias y nuestros valores.

Al igual que comentamos en el post de la felicidad aplazada, muchas veces aplazamos aquellas decisiones que nos son difíciles de tomar, este proceso de aplazamiento puede ser negativo ya que ciertas decisiones disponen de alternativas en un momento determinado y si tardamos en tomar la iniciativa podemos perder esas alternativas.

Este estado enlaza directamente con nuestra zona de confort, si la decisión nos aparta de ella posiblemente vayamos postergándola. Salir de la zona de confort normalmente implica un cierto factor de miedo, miedo a equivocarnos, miedo a herir a alguien, miedo a una nueva situación que desconocemos.
Todo este escenario nos lleva en muchas ocasiones a pensar demasiado, a reflexionar tanto las cosas que al final nos quedamos inmóviles y sin avanzar en ninguna dirección.

Para poder salir de este bucle debemos plantearnos quién decide, si nosotros, la situación o los demás.

Llegaremos a la conclusión de que el único que decide somos nosotros mismos, la decisión de vivir de una manera u otra, de aceptar cómo nos afecta algo o de enfocarnos hacia un objetivo u otro, siempre es nuestra, por lo que debemos empoderarnos de nuestra responsabilidad, asumir aquello que realmente deseamos para nuestra vida.
Tomar responsabilidad y empoderamiento significa respondernos varias preguntas de forma sincera y sin tapujos:

  •  Si el miedo no existiera, ¿qué haría?
  • Cuáles son mis valores? ¿Dónde me veo de aquí a 5 años?
  • Qué es lo peor que puede ocurrir al tomar una decisión?
  • Nunca tendremos el 100% de seguridad de que la decisión tomada es la correcta.
  • Escucha tu interior, tus sensaciones y deja que formen parte de la decisión.

Evidentemente no es sencillo tomar una decisión compleja, pero cuanto más sinceros seamos con nosotros mismos más posibilidades de acertar tendremos.

 


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